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<title>Mele Florez-Avellan - Articles</title>
<itunes:subtitle>Mele Florez-Avellan Article RSS</itunes:subtitle>
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<itunes:author>Mele Florez-Avellan</itunes:author>
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<title>Mele Florez-Avellan</title><link>http://www.meleflorez.com</link>
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<copyright>Copyright 2005, Mele Florez-Avellan</copyright>
<generator>Tendenci Membership Management Software by Schipul - The Web Marketing Company</generator>
<language>en-us</language>
<webMaster>noemail@meleflorez.com</webMaster>
<pubDate>Wed, 08 Sep 2010 01:04:25 GMT</pubDate>
		<item>

			<category>Articles</category>
			<link>http://www.meleflorez.com/en/art/130/</link>
			<title>Manual del Ocioso - El Impertinente Del Piano Bar</title>
			<description>&lt;p&gt;En mis correr&amp;iacute;as por el mundo he tenido la oportunidad de conocer gente de todo tipo. El tipo de persona que viene a mi mente en este momento es el conocid&amp;iacute;simo &amp;ldquo;Impertinente de piano bar.&amp;rdquo; Todos nos hemos preguntado alguna vez cu&amp;aacute;l es el m&amp;oacute;vil de esta categor&amp;iacute;a de gente sin categor&amp;iacute;a, sin clase, que gusta de importunar a las mujeres cuando &amp;eacute;stas tratan de pasar un momento agradable y feliz en un piano bar, solas o acompa&amp;ntilde;adas. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este cap&amp;iacute;tulo de su &amp;ldquo;Manual del Ocioso&amp;rdquo; describiremos a este personaje no tan legendario. Haremos un an&amp;aacute;lisis detallado de todo aquello que hace que el impertinente de piano bar sea tan pintoresco y detestado como actualmente es. Comenzaremos con la infancia de este individuo imaginario al que llamaremos Ruperto. &lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;La Infancia de Ruperto &lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;La se&amp;ntilde;ora bien vestida atraviesa la calle, llevando en sus manos dos bolsas llenas de comestibles y unos cuantos productos de belleza. Ruperto, de 12 a&amp;ntilde;os, se le queda mirando. La se&amp;ntilde;ora siente una fuerte mirada atravesando las bolsas de comestibles y siente temor. Al llegar al otro lado de la calle, descubre al peque&amp;ntilde;o Ruperto escondido detr&amp;aacute;s de un anuncio de lentejas, mir&amp;aacute;ndola afanosamente. La se&amp;ntilde;ora bien vestida no sabe si hacerle entender que ella lo ha descubierto o simplemente ignorarlo. El peque&amp;ntilde;o Ruperto decide entrar en acci&amp;oacute;n y ofrece a la se&amp;ntilde;ora cargarle las bolsas. La se&amp;ntilde;ora se arrepiente de haber pensado mal del peque&amp;ntilde;o caballero y le entrega las bolsas confiadamente. Cuando menos se lo espera, el peque&amp;ntilde;o Ruperto le abre las bolsas y comienza la conversaci&amp;oacute;n. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- As&amp;iacute; pues, &amp;iquest;conque comprandito? &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La se&amp;ntilde;ora se desconcierta pero le contesta: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Pues s&amp;iacute;, comprandito, para no perder la costumbre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iquest;Y qu&amp;eacute; es esto que tenemos por aqu&amp;iacute;? &amp;iexcl;Ah! Mantequilla suave, de la que no tiene calor&amp;iacute;as. Se&amp;ntilde;ora, pero usted no necesita de eso, tiene una figura tan esbelta... &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La se&amp;ntilde;ora se sonroja y le contesta halagada: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Ay s&amp;iacute;, es que yo me cuido mucho. Voy al gimnasio dos veces por semana y bailo todas las noches hasta el amanecer.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iquest;Que no la conozco yo entonces? Usted tiene un vestido rojo, muy escotado y muy corto, que se lo pone todas las noches cuando va quien sabe a d&amp;oacute;nde. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La se&amp;ntilde;ora se molesta. El ni&amp;ntilde;o sabe m&amp;aacute;s de la cuenta. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Pues no, yo no tengo ning&amp;uacute;n vestido rojo as&amp;iacute; como el que t&amp;uacute; dices.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- No, claro que no - le contesta el p&amp;iacute;caro. - Ya no lo tiene porque lo mand&amp;oacute; a te&amp;ntilde;ir y ahora es negro. Pero a ver, &amp;iquest;qu&amp;eacute; m&amp;aacute;s tenemos por aqu&amp;iacute;? &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Ni&amp;ntilde;o, deja las bolsas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iexcl;Aj&amp;aacute;! &amp;iexcl;Anticonceptivos! Pero, &amp;iquest;no es usted soltera?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Eso es abono para las plantas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- S&amp;iacute; ... por cierto, que el se&amp;ntilde;or Cipriano tiene muchas plantas en su casa. &amp;iquest;Es usted quien las atiende? Se la ve a usted entrar y salir con mucha frecuencia de casa de don Cipriano. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La se&amp;ntilde;ora est&amp;aacute; que explota. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- S&amp;iacute;, mijo, yo le riego las plantas y le hago la limpieza a su casa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iquest;Con el vestidito rojo?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iexcl;Negro! &lt;br&gt;- Ah, verdad, perd&amp;oacute;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iexcl;No, qu&amp;eacute; digo, con ropa normal y corriente, como la de cualquier mujer! Y si no te molesta, ni&amp;ntilde;o, dame las bolsas. Ya me tengo que ir. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El peque&amp;ntilde;o Ruperto le entrega las bolsas lentamente sonriendo maliciosamente. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Vaya, se&amp;ntilde;ora, que se le hace tarde para ponerle las pastillitas a las plantas. Me saluda a don Cipriano.. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La se&amp;ntilde;ora bien vestida no contesta porque est&amp;aacute; realmente apurada. Rupertito la observa salir en carrera, entrar a su casa, salir ahora vestida de negro y adentrarse en casa de don Cipriano. &lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;La Adolescencia de Ruperto &lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Ruperto tiene ahora 17 a&amp;ntilde;os. Est&amp;aacute; en la plenitud de su juventud, pero no ha logrado hacerse de ninguna novia. Todas las muchachas de su escuela lo conocen bien y no s&amp;oacute;lo le temen sino que lo detestan. Sin embargo, una nueva estudiante es el blanco de Ruperto. Ella no lo conoce ni sabe de su fama, as&amp;iacute; que probablemente logre conquistarla. Se propone firmemente no cometer indiscreciones para remendar su nombre. En el primer receso de la clase de la ma&amp;ntilde;ana, Ruperto se acerca a Elda. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Elda, divina flor: &amp;iexcl;Qu&amp;eacute; ojos tan bonitos tienes! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Elda se sonroja y se acerca confiada al gal&amp;aacute;n que la piropea. Ruperto se siente due&amp;ntilde;o de la situaci&amp;oacute;n y le lanza un segundo piropo: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Elda, Elda querida, Elda de mi vida, Elda m&amp;iacute;a.. &amp;iexcl;Mi Elda! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A los o&amp;iacute;dos de Elda, la &amp;uacute;ltima combinaci&amp;oacute;n de palabras ha sonado vulgar. Retrocede un paso, esperando a ver qu&amp;eacute; m&amp;aacute;s le va a decir aquel joven tan ordinario. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ruperto se ha dado cuenta de lo que ha dicho y trata de reparar el error. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Elda, tu cuerpo es lindo como el de una gacela, tu voz es brillante como la de un turpial, es que te miro y siento que ya. ..- &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mientras camina hacia ella, quien ha bajado la cara modestamente y no lo est&amp;aacute; viendo, Ruperto mete el pie en un charco de agua y grita: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-&amp;iexcl;Me moj&amp;eacute;! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esto ha sido demasiado para Elda. Lo abofetea y se larga. Esto es lo que llevar&amp;aacute; a Ruperto a ser un impertinente de piano bar. El trauma causado por el desprecio de Elda cuando &amp;eacute;l trataba de ser elegante y discreto por primera vez cambia su mente por completo, convirti&amp;eacute;ndose en un monstruo, un ser m&amp;aacute;s despreciable, un total incalable. &lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Ruperto en su Madurez &lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;A los 35 a&amp;ntilde;os, Ruperto ya no es el mismo ni&amp;ntilde;o de pecas graciosas, cabellera abundante y cuerpo m&amp;aacute;s o menos aceptable. Los desprecios de las mujeres lo han llevado a la deformidad de un cuerpo fofo, a una calvicie galopante y a unas l&amp;iacute;neas de expresi&amp;oacute;n causadas por la amargura. Todos estos detalles se acent&amp;uacute;an cada d&amp;iacute;a, al igual que se acent&amp;uacute;a el rechazo de las hembras. Ruperto es m&amp;aacute;s agresivo todav&amp;iacute;a; la lengua se le ha vuelto viperina y los ojos perrunos. Tiene manos de pulpo y sus ventosas se adhieren a las pieles femeninas, costando gran trabajo desprenderse de ellas. Tiene la habilidad del b&amp;uacute;ho para ver de noche y divisar a sus presas, y corre como un venado cuando las quiere agarrar. El hombre es un verdadero animal. &lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Ruperto en su Senilidad &lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;El hombrecillo calvo, deforme y encorvado hace su entrada en el piano bar. Un rumor corre como reguero de p&amp;oacute;lvora que, al encenderse, produce un sonido que emula el temido nombre: &amp;ldquo;&amp;iexcl;Ruperto!&amp;rdquo; &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ruperto ya ha entrado y busca una mesa. La joven mesonera Allison, que ya lo conoce bien, aparece vistiendo su nueva armadura. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Se&amp;ntilde;or Ruperto, su mesa es la n&amp;uacute;mero nueve. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ruperto adopta su voz melosa y le contesta: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Allison, Allison: &amp;iquest;Que no te he dicho que no me gusta la n&amp;uacute;mero nueve?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Lo s&amp;eacute;, se&amp;ntilde;or Ruperto, pero el gerente no me deja sentarlo en otra.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Allison, quiero la cinco y t&amp;uacute; sabes que quiero la cinco. Es la que est&amp;aacute; m&amp;aacute;s cerca del piano, Allison, y sabes c&amp;oacute;mo me gusta la m&amp;uacute;sica. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iquest;La m&amp;uacute;sica o la pianista?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Las dos, para serte sincero. Allison, &amp;iquest;ya le hablaste?- S&amp;iacute; le habl&amp;eacute;. Se&amp;ntilde;or Ruperto, Lillian no quiere saber de usted. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Pero t&amp;uacute; le dijiste que soy millonario y todo eso... &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Lillian no se trag&amp;oacute; el anzuelo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Allison, no me dejas alternativa. Voy a hablar con Lillian yo mismo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iexcl;No, se&amp;ntilde;or Ruperto, hoy no, ma&amp;ntilde;ana me van a dar una entrevista para un aumento! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Lo siento, ya es tarde. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pellizcando infructuosamente el trasero de Allison, Ruperto se dirige hacia Lillian. La pianista es una joven de 20 a&amp;ntilde;os, preciosa como s&amp;oacute;lo ella lo puede ser, que toca el piano expertamente. Ruperto se le sienta al lado en la banqueta del piano. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Lillian, querida: me estabas esperando, &amp;iquest;no? &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lillian siente algo fr&amp;iacute;o correr por su espalda. Son las manos de Ruperto, fr&amp;iacute;as y asquerosas como las de un muerto. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Ruperto.. que susto, digo, qu&amp;eacute; gusto! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- El vestido te luce como a nadie. &amp;iexcl;Qu&amp;eacute; lindo te queda, querida! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Gracias. Me lo regal&amp;oacute; mi novio. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iexcl;Tu novio, seguro que es un galancito de pacotilla que anda por ah&amp;iacute; escondi&amp;eacute;ndose de m&amp;iacute; porque me teme! D&amp;eacute;jame decirte, querida, que todav&amp;iacute;a estoy que me roncan los motores... &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Y la voz ... &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iquest;C&amp;oacute;mo? &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iexcl;Que c&amp;oacute;mo no..! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Aj&amp;aacute;. Este... &amp;iquest;bailamos? &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Tengo que tocar. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iexcl;Toque mija, pues! - y se le para enfrente. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-&amp;iexcl;Candelario...! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iquest;Y se llama &amp;ldquo;Candelario&amp;rdquo;? &amp;iexcl;Perro a llorar! Nombre de santa pero con una &amp;ldquo;o.&amp;rdquo; Vamos, muchacha, que te voy a ense&amp;ntilde;ar lo que es bueno. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iexcl;Candelariooooo...! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Candelario aparece detr&amp;aacute;s de Ruperto. Mide dos metros y est&amp;aacute; muy bien dotado. Ruperto siente el aliento del atleta en su cuello y se voltea. Descubre al mastodonte que es el novio de Lillian y literalmente se chorrea. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los ojos perrunos sonr&amp;iacute;en como los de un manso gatito y la lengua viperina se le enrolla y no puede hablar. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tirado como un trapo en la acera del frente del piano bar, Ruperto se lamenta. Una dama se acerca caminando lentamente. Ruperto levanta la mirada y desde su humillante posici&amp;oacute;n reconoce a Elda. Elda da un frenazo al reconocer al antiguo compa&amp;ntilde;ero de escuela. Compadecida del pobre viejo, le habla dulcemente y le ofrece la oportunidad de cortejarla otra vez, pero ahora sin vulgaridades, le aclara. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ruperto emocionado se sienta derecho y comienza: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Elda querida, Elda de mi vida, Elda m&amp;iacute;a... &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Trata de levantarse, y al hacerlo, se clava un vidrio roto en la mano, por lo que exclama abiertamente: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iexcl;Mielda! &lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;De la Soledad de Ruperto &lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;No hubo forma de convencer a Elda de lo del vidrio roto. Tampoco pudo convencer a Allison que no fue su culpa el haberse convertido en un impertinente de piano bar. Lillian se mud&amp;oacute; a otra ciudad con Candelario y el gerente del piano bar le prohibi&amp;oacute; la entrada a Ruperto por lo que le quedaba de vida. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ruperto se dedic&amp;oacute; a vender manzanas acarameladas en la esquina de la calle del piano bar, y de vez en cuando Elda pasa y le compra una manzana. Ruperto ya no se atreve a hablarle, sin embargo la sigue con la mirada cuando ella se retira y le grita: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-&amp;iexcl;Mi Elda! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Elda ya se acostumbr&amp;oacute; y no le importan un pepino los gritos del vendedor de manzanas.- &lt;/p&gt; 
&lt;br&gt;&lt;br&gt;20-Sep-06 3:00 PM
</description>
			<itunes:subtitle>Manual del Ocioso - El Impertinente Del Piano Bar</itunes:subtitle>
			<itunes:summary>&lt;p&gt;En mis correr&amp;iacute;as por el mundo he tenido la oportunidad de conocer gente de todo tipo. El tipo de persona que viene a mi mente en este momento es el conocid&amp;iacute;simo &amp;ldquo;Impertinente de piano bar.&amp;rdquo; Todos nos hemos preguntado alguna vez cu&amp;aacute;l es el m&amp;oacute;vil de esta categor&amp;iacute;a de gente sin categor&amp;iacute;a, sin clase, que gusta de importunar a las mujeres cuando &amp;eacute;stas tratan de pasar un momento agradable y feliz en un piano bar, solas o acompa&amp;ntilde;adas. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este cap&amp;iacute;tulo de su &amp;ldquo;Manual del Ocioso&amp;rdquo; describiremos a este personaje no tan legendario. Haremos un an&amp;aacute;lisis detallado de todo aquello que hace que el impertinente de piano bar sea tan pintoresco y detestado como actualmente es. Comenzaremos con la infancia de este individuo imaginario al que llamaremos Ruperto. &lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;La Infancia de Ruperto &lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;La se&amp;ntilde;ora bien vestida atraviesa la calle, llevando en sus manos dos bolsas llenas de comestibles y unos cuantos productos de belleza. Ruperto, de 12 a&amp;ntilde;os, se le queda mirando. La se&amp;ntilde;ora siente una fuerte mirada atravesando las bolsas de comestibles y siente temor. Al llegar al otro lado de la calle, descubre al peque&amp;ntilde;o Ruperto escondido detr&amp;aacute;s de un anuncio de lentejas, mir&amp;aacute;ndola afanosamente. La se&amp;ntilde;ora bien vestida no sabe si hacerle entender que ella lo ha descubierto o simplemente ignorarlo. El peque&amp;ntilde;o Ruperto decide entrar en acci&amp;oacute;n y ofrece a la se&amp;ntilde;ora cargarle las bolsas. La se&amp;ntilde;ora se arrepiente de haber pensado mal del peque&amp;ntilde;o caballero y le entrega las bolsas confiadamente. Cuando menos se lo espera, el peque&amp;ntilde;o Ruperto le abre las bolsas y comienza la conversaci&amp;oacute;n. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- As&amp;iacute; pues, &amp;iquest;conque comprandito? &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La se&amp;ntilde;ora se desconcierta pero le contesta: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Pues s&amp;iacute;, comprandito, para no perder la costumbre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iquest;Y qu&amp;eacute; es esto que tenemos por aqu&amp;iacute;? &amp;iexcl;Ah! Mantequilla suave, de la que no tiene calor&amp;iacute;as. Se&amp;ntilde;ora, pero usted no necesita de eso, tiene una figura tan esbelta... &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La se&amp;ntilde;ora se sonroja y le contesta halagada: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Ay s&amp;iacute;, es que yo me cuido mucho. Voy al gimnasio dos veces por semana y bailo todas las noches hasta el amanecer.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iquest;Que no la conozco yo entonces? Usted tiene un vestido rojo, muy escotado y muy corto, que se lo pone todas las noches cuando va quien sabe a d&amp;oacute;nde. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La se&amp;ntilde;ora se molesta. El ni&amp;ntilde;o sabe m&amp;aacute;s de la cuenta. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Pues no, yo no tengo ning&amp;uacute;n vestido rojo as&amp;iacute; como el que t&amp;uacute; dices.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- No, claro que no - le contesta el p&amp;iacute;caro. - Ya no lo tiene porque lo mand&amp;oacute; a te&amp;ntilde;ir y ahora es negro. Pero a ver, &amp;iquest;qu&amp;eacute; m&amp;aacute;s tenemos por aqu&amp;iacute;? &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Ni&amp;ntilde;o, deja las bolsas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iexcl;Aj&amp;aacute;! &amp;iexcl;Anticonceptivos! Pero, &amp;iquest;no es usted soltera?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Eso es abono para las plantas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- S&amp;iacute; ... por cierto, que el se&amp;ntilde;or Cipriano tiene muchas plantas en su casa. &amp;iquest;Es usted quien las atiende? Se la ve a usted entrar y salir con mucha frecuencia de casa de don Cipriano. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La se&amp;ntilde;ora est&amp;aacute; que explota. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- S&amp;iacute;, mijo, yo le riego las plantas y le hago la limpieza a su casa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iquest;Con el vestidito rojo?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iexcl;Negro! &lt;br&gt;- Ah, verdad, perd&amp;oacute;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iexcl;No, qu&amp;eacute; digo, con ropa normal y corriente, como la de cualquier mujer! Y si no te molesta, ni&amp;ntilde;o, dame las bolsas. Ya me tengo que ir. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El peque&amp;ntilde;o Ruperto le entrega las bolsas lentamente sonriendo maliciosamente. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Vaya, se&amp;ntilde;ora, que se le hace tarde para ponerle las pastillitas a las plantas. Me saluda a don Cipriano.. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La se&amp;ntilde;ora bien vestida no contesta porque est&amp;aacute; realmente apurada. Rupertito la observa salir en carrera, entrar a su casa, salir ahora vestida de negro y adentrarse en casa de don Cipriano. &lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;La Adolescencia de Ruperto &lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;Ruperto tiene ahora 17 a&amp;ntilde;os. Est&amp;aacute; en la plenitud de su juventud, pero no ha logrado hacerse de ninguna novia. Todas las muchachas de su escuela lo conocen bien y no s&amp;oacute;lo le temen sino que lo detestan. Sin embargo, una nueva estudiante es el blanco de Ruperto. Ella no lo conoce ni sabe de su fama, as&amp;iacute; que probablemente logre conquistarla. Se propone firmemente no cometer indiscreciones para remendar su nombre. En el primer receso de la clase de la ma&amp;ntilde;ana, Ruperto se acerca a Elda. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Elda, divina flor: &amp;iexcl;Qu&amp;eacute; ojos tan bonitos tienes! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Elda se sonroja y se acerca confiada al gal&amp;aacute;n que la piropea. Ruperto se siente due&amp;ntilde;o de la situaci&amp;oacute;n y le lanza un segundo piropo: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Elda, Elda querida, Elda de mi vida, Elda m&amp;iacute;a.. &amp;iexcl;Mi Elda! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A los o&amp;iacute;dos de Elda, la &amp;uacute;ltima combinaci&amp;oacute;n de palabras ha sonado vulgar. Retrocede un paso, esperando a ver qu&amp;eacute; m&amp;aacute;s le va a decir aquel joven tan ordinario. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ruperto se ha dado cuenta de lo que ha dicho y trata de reparar el error. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Elda, tu cuerpo es lindo como el de una gacela, tu voz es brillante como la de un turpial, es que te miro y siento que ya. ..- &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mientras camina hacia ella, quien ha bajado la cara modestamente y no lo est&amp;aacute; viendo, Ruperto mete el pie en un charco de agua y grita: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-&amp;iexcl;Me moj&amp;eacute;! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esto ha sido demasiado para Elda. Lo abofetea y se larga. Esto es lo que llevar&amp;aacute; a Ruperto a ser un impertinente de piano bar. El trauma causado por el desprecio de Elda cuando &amp;eacute;l trataba de ser elegante y discreto por primera vez cambia su mente por completo, convirti&amp;eacute;ndose en un monstruo, un ser m&amp;aacute;s despreciable, un total incalable. &lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Ruperto en su Madurez &lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;A los 35 a&amp;ntilde;os, Ruperto ya no es el mismo ni&amp;ntilde;o de pecas graciosas, cabellera abundante y cuerpo m&amp;aacute;s o menos aceptable. Los desprecios de las mujeres lo han llevado a la deformidad de un cuerpo fofo, a una calvicie galopante y a unas l&amp;iacute;neas de expresi&amp;oacute;n causadas por la amargura. Todos estos detalles se acent&amp;uacute;an cada d&amp;iacute;a, al igual que se acent&amp;uacute;a el rechazo de las hembras. Ruperto es m&amp;aacute;s agresivo todav&amp;iacute;a; la lengua se le ha vuelto viperina y los ojos perrunos. Tiene manos de pulpo y sus ventosas se adhieren a las pieles femeninas, costando gran trabajo desprenderse de ellas. Tiene la habilidad del b&amp;uacute;ho para ver de noche y divisar a sus presas, y corre como un venado cuando las quiere agarrar. El hombre es un verdadero animal. &lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;Ruperto en su Senilidad &lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;El hombrecillo calvo, deforme y encorvado hace su entrada en el piano bar. Un rumor corre como reguero de p&amp;oacute;lvora que, al encenderse, produce un sonido que emula el temido nombre: &amp;ldquo;&amp;iexcl;Ruperto!&amp;rdquo; &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ruperto ya ha entrado y busca una mesa. La joven mesonera Allison, que ya lo conoce bien, aparece vistiendo su nueva armadura. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Se&amp;ntilde;or Ruperto, su mesa es la n&amp;uacute;mero nueve. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ruperto adopta su voz melosa y le contesta: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Allison, Allison: &amp;iquest;Que no te he dicho que no me gusta la n&amp;uacute;mero nueve?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Lo s&amp;eacute;, se&amp;ntilde;or Ruperto, pero el gerente no me deja sentarlo en otra.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Allison, quiero la cinco y t&amp;uacute; sabes que quiero la cinco. Es la que est&amp;aacute; m&amp;aacute;s cerca del piano, Allison, y sabes c&amp;oacute;mo me gusta la m&amp;uacute;sica. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iquest;La m&amp;uacute;sica o la pianista?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Las dos, para serte sincero. Allison, &amp;iquest;ya le hablaste?- S&amp;iacute; le habl&amp;eacute;. Se&amp;ntilde;or Ruperto, Lillian no quiere saber de usted. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Pero t&amp;uacute; le dijiste que soy millonario y todo eso... &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Lillian no se trag&amp;oacute; el anzuelo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Allison, no me dejas alternativa. Voy a hablar con Lillian yo mismo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iexcl;No, se&amp;ntilde;or Ruperto, hoy no, ma&amp;ntilde;ana me van a dar una entrevista para un aumento! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Lo siento, ya es tarde. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pellizcando infructuosamente el trasero de Allison, Ruperto se dirige hacia Lillian. La pianista es una joven de 20 a&amp;ntilde;os, preciosa como s&amp;oacute;lo ella lo puede ser, que toca el piano expertamente. Ruperto se le sienta al lado en la banqueta del piano. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Lillian, querida: me estabas esperando, &amp;iquest;no? &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lillian siente algo fr&amp;iacute;o correr por su espalda. Son las manos de Ruperto, fr&amp;iacute;as y asquerosas como las de un muerto. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Ruperto.. que susto, digo, qu&amp;eacute; gusto! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- El vestido te luce como a nadie. &amp;iexcl;Qu&amp;eacute; lindo te queda, querida! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Gracias. Me lo regal&amp;oacute; mi novio. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iexcl;Tu novio, seguro que es un galancito de pacotilla que anda por ah&amp;iacute; escondi&amp;eacute;ndose de m&amp;iacute; porque me teme! D&amp;eacute;jame decirte, querida, que todav&amp;iacute;a estoy que me roncan los motores... &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Y la voz ... &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iquest;C&amp;oacute;mo? &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iexcl;Que c&amp;oacute;mo no..! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Aj&amp;aacute;. Este... &amp;iquest;bailamos? &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Tengo que tocar. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iexcl;Toque mija, pues! - y se le para enfrente. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-&amp;iexcl;Candelario...! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iquest;Y se llama &amp;ldquo;Candelario&amp;rdquo;? &amp;iexcl;Perro a llorar! Nombre de santa pero con una &amp;ldquo;o.&amp;rdquo; Vamos, muchacha, que te voy a ense&amp;ntilde;ar lo que es bueno. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iexcl;Candelariooooo...! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Candelario aparece detr&amp;aacute;s de Ruperto. Mide dos metros y est&amp;aacute; muy bien dotado. Ruperto siente el aliento del atleta en su cuello y se voltea. Descubre al mastodonte que es el novio de Lillian y literalmente se chorrea. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los ojos perrunos sonr&amp;iacute;en como los de un manso gatito y la lengua viperina se le enrolla y no puede hablar. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tirado como un trapo en la acera del frente del piano bar, Ruperto se lamenta. Una dama se acerca caminando lentamente. Ruperto levanta la mirada y desde su humillante posici&amp;oacute;n reconoce a Elda. Elda da un frenazo al reconocer al antiguo compa&amp;ntilde;ero de escuela. Compadecida del pobre viejo, le habla dulcemente y le ofrece la oportunidad de cortejarla otra vez, pero ahora sin vulgaridades, le aclara. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ruperto emocionado se sienta derecho y comienza: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- Elda querida, Elda de mi vida, Elda m&amp;iacute;a... &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Trata de levantarse, y al hacerlo, se clava un vidrio roto en la mano, por lo que exclama abiertamente: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;- &amp;iexcl;Mielda! &lt;/p&gt;
&lt;h3&gt;De la Soledad de Ruperto &lt;/h3&gt;
&lt;p&gt;No hubo forma de convencer a Elda de lo del vidrio roto. Tampoco pudo convencer a Allison que no fue su culpa el haberse convertido en un impertinente de piano bar. Lillian se mud&amp;oacute; a otra ciudad con Candelario y el gerente del piano bar le prohibi&amp;oacute; la entrada a Ruperto por lo que le quedaba de vida. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ruperto se dedic&amp;oacute; a vender manzanas acarameladas en la esquina de la calle del piano bar, y de vez en cuando Elda pasa y le compra una manzana. Ruperto ya no se atreve a hablarle, sin embargo la sigue con la mirada cuando ella se retira y le grita: &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-&amp;iexcl;Mi Elda! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Elda ya se acostumbr&amp;oacute; y no le importan un pepino los gritos del vendedor de manzanas.- &lt;/p&gt;</itunes:summary>
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			<author>Mele Florez-Avellan</author>
			<pubDate>Wed, 20 Sep 2006 20:00:00 GMT</pubDate>
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